Mientras la Capital cuenta los daños urbanos, el interior profundo de Corrientes vive su propio drama. San Luis del Palmar y Empedrado son las zonas cero de un temporal que cortó caminos rurales, aisló parajes enteros y puso en riesgo la producción ganadera.
Si en la ciudad el agua molesta, en el campo el agua aísla. El temporal que azotó a la provincia en las últimas 72 horas ha golpeado con saña al interior, desnudando la fragilidad de la conectividad rural y poniendo en jaque a las economías regionales.
La situación más crítica se vive en San Luis del Palmar. Allí, el Riachuelo volvió a mostrar su carácter indomable. Con más de 240 evacuados y familias enteras con el agua literalmente «hasta la cintura», la localidad revive fantasmas de inundaciones pasadas. No se trata solo de casas mojadas; se trata de pequeños productores que ven cómo sus animales quedan sin tierra firme y sus huertas desaparecen bajo el espejo de agua.
Aislados del mundo
Más al sur, en Empedrado y El Sombrero, el panorama es desolador. Los reportes oficiales indican que el 70% de la población de El Sombrero se vio afectada de alguna manera. Pero el dato que preocupa a las autoridades de Defensa Civil y a los intendentes es la incomunicación.

Los caminos de tierra, venas vitales para la vida de los parajes, se han transformado en lodazales intransitables. Hay parajes donde ni las camionetas 4×4 logran entrar, obligando a la asistencia a llegar mediante tractores o, en casos extremos, a caballo. La «Perla del Paraná» tuvo que habilitar el camping municipal para recibir a las familias que el agua expulsó de sus hogares.
El impacto productivo
En Goya y la zona centro-sur, donde los pluviómetros marcaron récords cercanos a los 500 mm en acumulados semanales, la preocupación se traslada al futuro inmediato. La producción arrocera mira de reojo los niveles de los reservorios, pero es la ganadería la que sufre el impacto directo: sin pasturas secas y con el estrés del temporal, la pérdida de kilos en la hacienda será inevitable.

La solidaridad correntina, como siempre, se ha activado antes que cualquier protocolo. Pero la lluvia ha dejado una marca profunda en el interior, recordando que cuando llueve así, las distancias se hacen más largas y las necesidades, mucho más urgentes.