La situación fue expuesta por Priscilla Makari, directora ejecutiva de la Fundación Pro Tejer, quien advirtió que la actividad fabril se encuentra operando apenas al 30% de su capacidad instalada. «De cada 10 máquinas, 7 están paradas», sentenció Makari, poniendo de relieve el nivel de inactividad que sufren los establecimientos fabriles en todo el territorio nacional.
Un impacto federal que golpea a Corrientes
El sector textil no es solo un indicador macroeconómico, sino un motor vital para las economías regionales. Makari subrayó que provincias como Corrientes, La Rioja, Catamarca, Tucumán y Buenos Aires dependen fuertemente de este tejido productivo. La pérdida de 540 mil puestos de trabajo en los últimos años —sumando a los 21 mil contabilizados en este ciclo— constituye un retroceso que amenaza con profundizar la desigualdad y el empobrecimiento de estas regiones.
«Pensar que una industria de más de 100 años puede reconvertirse de la noche a la mañana, pasando de ser obrero textil a minero, es extraño», cuestionó la directora de Pro Tejer, en respuesta a los discursos oficiales sobre cambios en la matriz productiva.
El dilema del valor agregado
Más allá de la coyuntura, la Fundación Pro Tejer plantea un debate de fondo sobre el modelo de país. Makari fue contundente al señalar que el riesgo es «concreto y estructural»: un país que se limita a exportar recursos naturales sin agregar valor termina condenándose a la pobreza y a la incapacidad de financiar pilares básicos como la educación.
Con salarios y jubilaciones que continúan perdiendo la batalla frente a la inflación, el mercado interno muestra signos de agotamiento total. Para la industria textil, la conclusión es clara: si el modelo económico actual se sostiene a largo plazo, el futuro del sector nacional se torna una incógnita de supervivencia.