La Casa de Gobierno de Misiones fue escenario de un encuentro que, por el tono con que ambos mandatarios lo comunicaron al salir, confirmó que lo acordado en Posadas fue bastante más que una visita de cortesía entre vecinos. El gobernador de Corrientes, Juan Pablo Valdés, y su par misionero Hugo Passalacqua sellaron esta semana una alianza regional concreta con una agenda que condensa años de reclamos al centralismo porteño: la hidrovía sin el calado necesario, el gas natural que nunca llegó, los puertos sin habilitación plena y un puente interprovincial que lleva décadas en el plano de los proyectos sin avanzar hacia la obra.
«Misiones y Corrientes tienen que dejar de estar separadas. No podemos seguir quedando excluidos por mezquindades políticas», dijo Valdés al salir del encuentro, en una frase que sintetizó el espíritu del encuentro con una claridad que raramente se escucha en el lenguaje diplomático entre gobernadores.
El reclamo más concreto fue el energético. «A Misiones le falta gas, a Corrientes le falta gas. Vemos cómo la Nación piensa en alimentar un gasoducto que llegue a San Pablo, en Brasil, y eso incluye nuevamente que el gasoducto no pase ni por Misiones ni por Corrientes», señaló el gobernador correntino. La ironía es brutal: dos provincias que tienen al Paraná como columna vertebral de su territorio quedan fuera del trazado de la principal obra energética del país, mientras se planifica su extensión hacia el mercado brasileño.
A esa inequidad se suman las tarifas eléctricas. Corrientes y Misiones tienen los costos de energía más altos del país, mientras el AMBA goza de subsidios que las provincias del norte nunca recibieron. «Queremos competir, pero con la tarifa eléctrica más alta es muy difícil. Si no trabajamos unidos, nos negocian los intereses particularmente y ahí es donde nos desarman», planteó Valdés.
La agenda de obras que acordaron los dos mandatarios es extensa y de largo aliento: una hidrovía con mayor calado para embarcaciones de mayor porte, la habilitación del puerto correntino que lleva años esperando el visto bueno nacional, un corredor turístico que conecte las Cataratas del Iguazú —con sus dos millones de visitantes anuales— con los Esteros del Iberá, y una cuenca foresto-industrial compartida que integre las inversiones de ambas provincias. Solo en ese último rubro hay comprometidos más de 2.500 millones de dólares entre proyectos de Misiones y Corrientes.
Passalacqua definió el vínculo entre ambos territorios como un «bloque unido» frente a los desafíos de la región y agradeció la visita ratificando el compromiso de continuar el trabajo conjunto. «Misiones y Corrientes unidas, vamos a hacer que el trabajo y las oportunidades reales para nuestra gente se generen acá», planteó Valdés al resumir el espíritu del acuerdo.
El encuentro tiene además una dimensión política interna que no puede ignorarse. Passalacqua atraviesa una ruptura con Carlos Rovira, el histórico jefe del Frente Renovador que dominó Misiones por dos décadas, quien lanzó el sello «Encuentro Misionero» sin el gobernador. Para Passalacqua, articular con Valdés no es solo una estrategia de obras: es también la construcción de interlocutores de peso hacia afuera de sus fronteras en un momento en que la política interna misionera se reorganiza por completo.
Por su parte, Valdés viene sosteniendo una relación pragmática con el gobierno de Milei —que le permitió destrabar la Autovía 12 y gestionar la licitación de baterías para la red eléctrica— pero sin dejar de reclamar en los temas que afectan directamente a la provincia: el gas, las regalías hidroeléctricas y las tarifas. Su encuentro con Passalacqua responde a esa misma lógica: el reclamo al gobierno nacional es más eficaz cuando dos provincias hablan con una sola voz.
La agenda correntina en Posadas incluyó además una visita cargada de simbolismo personal: Valdés recorrió el Liceo Naval Militar «Almirante Storni», el establecimiento donde cursó su educación secundaria, en el marco de la entrega protocolar de uniformes a los nuevos ingresantes. Una pausa íntima en medio de una jornada de política regional que buscó demostrar que, cuando el interior se une, pesa más.