Diego Santilli jura este martes como nuevo jefe de Gabinete en el Salón Blanco de la Casa Rosada, en una ceremonia encabezada por Javier Milei. El acto llega apenas siete meses después de que el dirigente del PRO asumiera al frente del Ministerio del Interior, y se da en medio de un reacomodamiento político que el propio Gobierno reconoce como decisivo de cara a 2027.
La salida de Manuel Adorni, envuelto en una polémica por su declaración jurada patrimonial y en investigaciones judiciales que derivaron en un fuerte desgaste político, dejó una vacante que la Casa Rosada decidió cubrir con el funcionario que, hasta ayer, tenía como misión recomponer el diálogo con los gobernadores.
La diferencia entre uno y otro asumió, esta vez, forma de protocolo. Catorce mandatarios provinciales confirmaron su presencia para acompañar a Santilli: Juan Pablo Valdés (“por el momento sí estará”, señaló un vocero esta mañana), Raúl Jalil (Catamarca), Leandro Zdero (Chaco), Carlos Sadir (Jujuy), Alfredo Cornejo (Mendoza), Rolo Figueroa (Neuquén), Alberto Weretilneck (Río Negro), Marcelo Orrego (San Juan), Claudio Vidal (Santa Cruz), Osvaldo Jaldo (Tucumán), Rogelio Frigerio (Entre Ríos), Gustavo Sáenz (Salta), Jorge Macri (Ciudad de Buenos Aires) y Martín Llaryora (Córdoba). Ningún funcionario de la actual gestión libertaria, ni Adorni ni sus antecesores, había sumado semejante respaldo territorial al momento de jurar.
No es un dato menor. La política argentina mide la legitimidad de un jefe de Gabinete tanto por la confianza presidencial como por su capacidad de sentar en una misma sala a gobernadores de signos distintos: aliados de paladar negro, socios circunstanciales y mandatarios que todavía no se subieron formalmente al armado libertario.

Esa fue, justamente, la tarea que Santilli vino construyendo a lo largo de sus ocho meses al frente de Interior, demostrando que es posible moverse entre los distintos polos de poder sin quedar atrapado en ninguno. Adorni, en cambio, ejerció la Jefatura de Gabinete como vocero amplificado de la mesa chica presidencial, sin construir ese capital propio entre los gobernadores ni en el sistema político en general, un déficit que terminó pagando caro cuando estalló el escándalo por gastos no declarados que aceleró su renuncia.
El contraste no es sólo de estilo. Mientras Adorni administraba la comunicación oficial desde una lógica de búnker, Santilli pasó sus meses en Interior recorriendo despachos provinciales, algo que el propio organigrama libertario reconoce como una necesidad estructural: el nuevo ministro coordinador deberá potenciar sus habilidades dialoguistas tras meses de empantanamiento legislativo, en momentos en que el Gobierno necesita destrabar la agenda de reformas en el Congreso. Esa habilidad, ausente en la gestión de su antecesor, es la que 14 gobernadores vinieron a refrendar con su presencia física en la Casa Rosada.
La lista de asistentes también deja una lectura electoral. Varios de los nombres confirmados -Zdero, Frigerio, Vidal, Weretilneck, Orrego, Cornejo- integran el círculo de mandatarios que suenan como posibles aliados electorales del oficialismo para las legislativas de 2027, mientras que otros, sin pertenecer formalmente al espacio libertario, eligieron acompañar el acto como gesto de buena sintonía institucional.
Esa amplitud, que excede el círculo rojo de La Libertad Avanza, es precisamente lo que la Casa Rosada necesitaba después de un semestre de tensión con buena parte del arco provincial por los recortes de obra pública y de fondos discrecionales.
Santilli llega, entonces, con algo que a Adorni le faltó desde el primer día: una legitimidad construida puerta por puerta, gobernación por gobernación. El desafío ahora es sostenerla mientras absorbe el propio Ministerio del Interior y negocia, al mismo tiempo, la agenda legislativa de un año electoral.