Argentina volvió a ser Argentina. El final en Qatar es una fiesta como se esperaba antes de llegar a ese país repleto de lujo. La cara de Messi habla antes de hacer declaraciones. Canta al ritmo de los hinchas que llevan su camiseta. A diferencia del grito contra México, que en la carrera hacia la gente liberó la angustia, una presión que para cualquier mortal podría ser asfixiante, ahora todo es felicidad. La Selección recuperó su mejor semblante, su juego, su convicción, su confianza. El ánimo, la fortaleza mental, es cada vez más determinante en la alta competencia.
Tal vez haya sido lo más sustancial después de los tres puntos en el partido anterior. Se vio contra Polonia: fue otro equipo más allá de los cambios. Argentina no sólo jugó su mejor partido en el Mundial, donde la vara estaba un poco baja. Dejó ver una de sus mejores versiones en el ciclo de Scaloni. Es difícil ganar así en la Copa del Mundo.
Alcanza con repasar las últimas para ratificarlo. En fin, no pasa por volver a los tiempos triunfalistas previos a la derrota con Arabia Saudita. Como repitió Messi en tiempos de euforia desmedida, no se iba a salir campeón de entrada. Faltan pruebas muy intensas por dar. Tan riguroso como que la Selección volvió a jugar en modo favorito. En las primeras fechas el rótulo era más acorde al nivel de Francia, España, Brasil e Inglaterra. Hoy, después de clasificarse primero, sí se puede pensar que en Doha aterrizó un candidato.

Messi hizo mucho más que dejar en ridículo al gran Lewandowski en la mitad de la cancha. Siempre estuvo en partido, aun cuando erró su penal. Después de esa acción hubo una buena noticia. No se cayó el capitán. No se derrumbó el equipo. Esta vez la estructura colectiva respaldó al 10. Hubo más de dos goles de diferencia entre Argentina y Polonia. Si hubiese metido ese penalcito de Var, un 3 a 0 habría sido un resultado más acorde al desarrollo del partido. La Selección dominó del minuto 0 al 90 a un rival que jugó para que Luis Enrique siga con su queja en Twitch. Polonia sólo jugó a defender, como cuestionó el entrenador español sobre el torneo en general.
No le pateó al Dibu Martínez ni cuando estaba en desventaja y podía irse del Mundial. Argentina no pudo sacar ventaja de arranque, aun cuando Di María rompía por la banda con su talento, el Huevo Acuña aparecía siempre solo (le faltó un poco de lucidez en el último toque) y Julián exigía a Szczesny, el excelente arquero polaco.
El quiebre se dio apenas arrancó la parte final. Como si fuera un ejercicio de una práctica, Cuti Romero condujo y buscó a Molina; el lateral buscó ubicación en diagonal, por el centro; conectó con Di María y fue a buscar el desborde por la línea; volvió a aparecer Molina y tiró el siempre eficiente centro atrás; ahí apareció Mac Allister para definir contra un palo. Describir paso a paso una jugada sería una antigüedad si no fuera porque descubre un concepto: es bueno que Argentina haga un gol importante sin que siempre participe Messi.
Scaloni volvió a retocar el equipo con acierto. Pragmático, eligió a los jugadores de mejor actualidad. Sin que el pasado o el peso del apellido sea el valor determinante para definir. Esta vez -vale más aún- no cambió con el partido en marcha. Enzo Fernández, que pedía titularidad porque se lo había visto un escalón por encima de Paredes y Guido Rodríguez, fue titular después de su golazo al estilo Casemiro. Como único 5, el pibe de 21 años fue de menor a mayor, hasta que se asentó en la mitad de la cancha con su clase, buscó a Julián en el área para el segundo gol a partir de lo que se conocen y se fue de la cancha con una merecida ovación que le retumbará en los oídos por varios días. La característica del rival, con Polonia con dos líneas de cuatro cerca de su área, parecía más acorde al juego de Alvarez, justamente. El entrenador de la Selección, entonces, no titubeó y sacó a su 9 goleador para darle lugar a las diagonales de afuera hacia adentro del delantero del City. Fue el autor del gol que mató el partido. No salió De Paul, que después de dos partidos imprecisos, jugó otra vez como un volante de Selección. Tan dueño se siente en este equipo que el Cholo Simeone le reclama que juegue en el Atlético de Madrid como en Argentina. En este tercer partido otra vez se vio en esa versión en la que se debe hablar de su despliegue y no de las iniciales de sus botines. Otro que se quedó fue Mac Allister, que se lo ganó contra México, y fue figura en ese puesto que dejó vacante Lo Celso y no se pudo adueñar Papu Gómez. El hijo del recordado Colorado tiene perfil bajo, muy poca prensa pese a haber jugado bien en Boca, pero a un mes de cumplir 24 años muestra su madurez en Inglaterra y repite en la Selección. Puede jugar en cualquiera de los puestos del mediocampo y tiene gol, algo que vale mucho dinero, como dice Guardiola.