El nuevo contrato entre el Estado y el mercado que Corrientes ensaya en el interior productivo

Mientras el debate nacional sobre el rol del Estado sigue atrapado entre trincheras ideológicas, en el nordeste argentino se ensaya algo diferente: una conversación pragmática entre el sector público y el privado que, sin grandes declaraciones, busca transformar la estructura productiva de una provincia históricamente dependiente de la administración pública y el agro extensivo. El escenario fue Gobernador Virasoro. Los protagonistas, empresarios correntinos, el gobernador Juan Pablo Valdés y el economista Gustavo Lazzari.

La convocatoria fue de la Federación Empresarial de Corrientes (Fecorr) bajo un lema que, en su sencillez, dice bastante: «Corrientes protagonista: invertir, producir y exportar.» Tres verbos que apuntan a la misma dirección: salir de la pasividad. La provincia arrastra décadas de rezago relativo frente a sus vecinas del litoral, y la dirigencia -al menos la que se reunió ese día- parece haberlo internalizado.

«La riqueza surge de las plantas industriales y los campos productivos. El Estado debe despejar el camino, no ocuparlo.»

Juan Pablo Valdés

La idea central de Valdés no es nueva, pero su enunciación en boca de un gobernador del norte argentino tiene su propio peso político. Durante años, la lógica predominante en las provincias más dependientes de la coparticipación fue la del Estado como empleador de última instancia y amortiguador social. El giro hacia un modelo que prioriza la inversión privada como motor del crecimiento implica, también, una apuesta de capital político que no está exenta de riesgos.

Herramienta concreta: Durante el encuentro se presentaron nuevas líneas de crédito del Banco de Corrientes orientadas a fortalecer el tejido productivo provincial. La previsibilidad fue señalada como condición sine qua non para que los anuncios se traduzcan en inversión real: sin reglas estables, los capitales no se asientan.

CONTEXTO CLAVE

El timing no es casual. La Argentina de 2025 transita un proceso de desregulación y apertura que redefine las reglas de juego para todo el aparato productivo. Las provincias que logren ofrecer certidumbre institucional, infraestructura y un interlocutor estatal ágil tendrán ventaja en la captación de inversiones que buscan dónde radicarse. Corrientes quiere estar en esa lista, y la jornada en Virasoro fue, en parte, un ejercicio de posicionamiento ante esa oportunidad.

Queda por verse si el encuentro deriva en acuerdos concretos o se diluye en la inercia habitual. Lo que sí dejó en claro es que, al menos en esta provincia, hay actores -públicos y privados- dispuestos a ensayar un lenguaje común. En un país donde eso ya no es poco, Corrientes apuesta a que ese lenguaje se traduzca en obra, en empleos y en una matriz productiva distinta antes de que termine la década.