La ciudad de Goya asiste por estas horas a uno de los capítulos más amargos de su historia productiva reciente. El cierre de la empresa Alal, una firma con más de cien años de arraigo en la zona, ha dejado de ser un rumor de pasillo para convertirse en una realidad dolorosa, confirmada oficialmente por la ministra de Industria y Trabajo de la provincia, la doctora Mariel Gabur.
La funcionaria, que venía monitoreando el derrotero de la textil desde el inicio de la profundización de la crisis en 2025, no ahorró definiciones sobre la gravedad del cuadro. Según Gabur, el desenlace no responde a una falta de voluntad empresarial ni a un déficit tecnológico, sino a un «ahogo» provocado por las condiciones macroeconómicas nacionales que hoy castigan con especial dureza a las economías regionales.
CRÓNICA DE UN FINAL ANUNCIADO
Para la cartera industrial, el fin de Alal es el clímax de un proceso de asfixia financiera. «La situación fue extrema», sentenció la Ministra, al explicar que la planta acumuló deudas críticas de energía y compromisos impositivos ante el Arca que se volvieron impagables ante la caída vertical de las ventas.
A pesar de que la firma mantuvo el cumplimiento de sueldos y aguinaldos hasta el último tramo, el desplome de las negociaciones de exportación en los últimos quince días selló su suerte. Para Gabur, el escenario es desolador: se enfrentan a un «mercado que hoy no existe» para quienes intentan producir con valor agregado en suelo argentino.
El reclamo por un «piso parejo»

El diagnóstico oficial apunta directamente a la política de apertura comercial sin matices. La ministra fue tajante al señalar que la industria correntina, a pesar de estar tecnificada y ser eficiente, no puede absorber la asimetría de costos frente a los productos importados.
«Lo que tenemos es el ingreso de mercadería del exterior a muy bajo costo, lo que impacta de lleno con los costos que tiene producir en la Argentina hoy», remarcó. En ese sentido, Gabur envió un mensaje al Gobierno nacional subrayando que, si bien Corrientes sostiene una política de «impuesto cero» para el sector, estas herramientas provinciales quedan desdibujadas si no hay una protección mínima contra la competencia desleal.
Con 260 trabajadores ahora fuera del sistema, el cierre de Alal no solo apaga las máquinas de una fábrica centenaria; enciende una señal de alarma roja sobre el futuro del resto del entramado textil en una provincia que ha hecho del desarrollo industrial una de sus banderas principales.
Radiografía de una crisis industrial
- Tradición centenaria: Alal era uno de los pilares de la identidad productiva de Goya, con más de 100 años de trayectoria en el mercado textil.
- Costo social: el cierre impacta directamente en 260 puestos de trabajo, afectando el consumo y la economía de toda la región sur de la provincia.
- El factor importación: la principal causa señalada es la competencia desigual con productos extranjeros que ingresan con valores por debajo de los costos locales de fabricación.
- Asfixia financiera: la planta no pudo hacer frente a deudas acumuladas por energía eléctrica y compromisos fiscales nacionales ante la falta de flujo de caja.
- Tecnología sin mercado: a pesar de contar con maquinaria de punta e inversiones recientes, la falta de demanda y la caída de exportaciones precipitaron la decisión final.